Depresión posparto

¿Qué es y cómo gestionarla?

Raúl Pérez Cutillas

12/1/20235 min leer

Existen ciertos temas relacionados con la salud, en concreto con la salud mental, de los que no se suelen hablar abiertamente, pero ¿por qué? Pues, por diversas razones, principalmente, porque solemos tratarlos en el ámbito privado, con las personas de nuestro círculo más íntimo. Incluso, en el peor de los escenarios, no los compartimos.

En 2017, se publicó el primer estudio sobre la depresión postparto en España, llevado a cabo por la firma de puericultura Suavinex. Dicho estudio reveló que más del 35% de las madres españolas aseguraban haber sufrido este trastorno del estado de ánimo después de dar a luz.

Dar luz y voz a estos temas repercuten positivamente en las personas, porque compartir y solicitar ayuda es un paso necesario para hacerles frente. Es por ello que, este artículo está dedicado a la depresión posparto.

El embarazo es un periodo de la vida de la mujer en el que se producen numerosos cambios, físicos y mentales, orientados a las nuevas necesidades y obligaciones. Esta situación es propicia para que exista una mayor vulnerabilidad que desemboque en la aparición de ciertos trastornos mentales como la ansiedad y la depresión.

Por ejemplo, dudar sobre la capacidad personal para llevar a cabo todos los cuidados que el recién nacido va a necesitar, así como inseguridades sobre su papel como madre. Esto le predispone a que sufra un gran estrés.

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Esta situación se complica más cuando la madre es primeriza o el embarazo no era deseado, así como que ella o el bebé tenga problemas de salud.

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Durante la 1ª semana después del parto es habitual que se sufra tristeza postparto o depresión puerperal menor (conocida como baby blues). De hecho, este tipo de tristeza se suele presentar entre el 50 y 80% de las mujeres que han dado a luz. Habitualmente, estos síntomas depresivos transitorios duran de 2 a 14 días y suelen ser leves.

Estos síntomas se deben, fundamentalmente, a los cambios hormonales que se producen en este momento: descenso de los niveles de estrógenos y progesterona, para favorecer el aumento de la prolactina y, así, dar paso a la lactancia materna. Pero, también, al ajuste familiar y social al que se enfrenta la madre (equilibrar la crianza y el reparto de tareas domésticas con el otro progenitor, el trabajo y la vida personal).

¿Cuándo se convierte en un problema más serio?

Generalmente, cuando estos síntomas aumentan o no desaparecen después de dos a tres semanas, desde el parto. La depresión posparto (en adelante, DPP) se considera un trastorno depresivo mayor que se produce en el puerperio de la mujer (periodo que contempla las 6 semanas siguientes al parto), en el que el cuerpo de la madre vuelve al estado anterior al embarazo. Durante este periodo, es posible detectar la DPP hacia la semana cuarta o sexta, presentando el mayor porcentaje de síntomas alrededor de la semana doce, después del parto. Sin embargo, puede ocurrir en cualquier momento tras el alumbramiento (ya sean días, semanas, meses o hasta un año después) y puede afectar independientemente del tipo de parto.

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La DPP tiene consecuencias negativas tanto para la madre como para su familia ya que puede afectar al correcto desarrollo de los hijos y a deteriorar las relaciones interpersonales.

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Además de los síntomas típicos depresivos, la DPP también se acompaña de:

  • Preocupaciones poco realistas sobre el bebé o desinterés hacia él

  • Una sensación de ser incapaz de cuidar al bebé o de serlo como madre

  • Temor a dañar al recién nacido

  • Llanto incontrolable

  • Cambios de humor

Aunque, todas las mujeres están en riesgo de padecer esta depresión, y las causas exactas que la producen son desconocidas, las que parece que tienen un mayor riesgo de padecerla son aquellas que afrontan situaciones como:

  • Problemas con la lactancia.

  • Falta de apoyo financiero o ayuda con el cuidado del bebé por parte de la pareja o de los miembros de la familia.

  • Haber padecido depresión anteriormente o haber sufrido depresión postparto en otras ocasiones.

  • Padecer alteraciones del estado de ánimo asociados temporalmente a los ciclos menstruales.

  • Factores estresantes como conflictos en la pareja, paternidad unilateral o tener una pareja con depresión.

  • Haber sufrido un aborto anterior.

  • Que el neonato tenga malformaciones congénitas o que haya sido ingresado en cuidados intensivos.

  • A causa de los cambios hormonales durante el puerperio.

  • La genética puede influir y predisponer a padecerla.

  • La privación del sueño.

Por otro lado, y aunque en menor medida, la DPP también la puede sufrir el hombre con la llegada del bebé. La situación que debe afrontar en esta etapa se basa fundamentalmente en el esfuerzo adaptativo que supone este cambio. En ocasiones, se puede ver envuelto en una paternidad compleja y muy demandante, provocando un descenso en la secreción de hormonas como la testosterona. O, tiene que sobrellevar los aspectos psicológicos negativos que pueden producirse cuando su pareja sufre de DPP. Ya que, el hombre cuya pareja padece esta depresión suele sufrirla en mayor medida.

¿Qué ocurre cuando la DPP empeora?

En casos graves, esta depresión puede desencadenar una enfermedad peligrosa como la psicosis posparto, pudiendo haber riesgo de infanticidio o suicidio por parte de la madre.

La psicosis posparto es la forma más severa de los trastornos psiquiátricos puerperales. Es bastante infrecuente y se da en 1 de cada 1000 partos. Se considera una verdadera urgencia psiquiátrica, que requiere de hospitalización, con la consiguiente separación de su hijo. El cuadro clínico se asemeja a una psicosis donde aparecen alucinaciones, delirios y comportamientos extraños, estas ideas delirantes se centran sobre todo en el bebé. También, la madre suele presentar rasgos maníacos, depresivos o ambos.

Tratamiento DPP

El tratamiento de la DPP leve o moderada se puede enfocar desde la psicoterapia individual y otras modalidades, como grupos de apoyo que actúan favorablemente al dar la oportunidad a la madre de compartir su experiencias con otras en su misma situación. Aunque, estas sesiones, nunca deben reemplazar la psicoterapia o la toma de medicamentos.

Los puntos que trabaja la terapia cognitivo conductual, respecto de este tipo de depresión, se centran en aspectos como:

  • Trabajar los pensamientos disfuncionales que afectan intensamente agravando el malestar, así como manteniéndola. Por lo tanto, es importante modificar los pensamientos negativos y las actitudes distorsionadas o automáticas.

  • Incrementar la autoestima, puesto que esta decae al pensar que no será capaz de afrontar la situación, al surgir dudas e inseguridades.

  • También se deben trabajar las actividades diarias, motivar para llevarlas a cabo y fomentar las relaciones sociales. Dedicar tiempo para salir, visitar a los amigos o pasar tiempo a solas con su pareja.

  • Implementar técnicas de relajación para los momentos de estrés.

  • Trabajar la asertividad para expresar lo que se siente y saber pedir ayuda. No esconder los sentimientos y hablar de ellos con la pareja, la familia y los amigos.

En la DPP, es importante que la madre tenga el apoyo de la familia y el soporte necesario con el cuidado del bebe. Sobre todo, en los momentos en los que se vea superada por la situación. Porque mantener una autoexigencia generará mayor probabilidad de sufrir estrés y ansiedad. En ocasiones no se puede llegar a todo. Es necesario descansar, pero también buscar ratos de desconexión hablando con otras madres o uniéndose a grupos de apoyo. Y, por supuesto, evitar el consumo de alcohol y sustancias tóxicas.