El apego

Descubre diferentes tipos de apego

2/2/20243 min leer

¿Sabes qué es el apego? ¿Diferencias entre apego y vínculo? ¿Conoces la función mental del apego? Si quieres conocer las respuestas a estas preguntas, en el siguiente artículo encontrarás estas y otras curiosidades sobre este constructo que está presente a lo largo de la vida, más allá de la niñez.

John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista infantil inglés, fue pionero en el trabajo del apego, desarrollando la Teoría del Apego. Definió este concepto como la tendencia natural de las personas a establecer relaciones íntimas y estables con sus padres o tutores desde los primeros años de vida. Consideraba esta relación necesaria para la supervivencia, el desarrollo físico y emocional, es decir, un imperativo biológico necesario para la supervivencia.

Este vínculo de apego que se establece en la niñez de hijos a padres, no es bidireccional; es decir, los padres desarrollan hacia sus hijos e hijas un tipo de vínculo afectivo diferente. Estos adultos desarrollan el apego con otros adultos y en etapas más avanzadas, en la vejez, las figuras de apego de los y las ancianas son sus hijos e hijas.

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Quien cumple la función de la figura de apego puede variar a lo largo de la vida, pero la función que cumple es siempre la misma: brindar sostén, calmar, regular emocionalmente (Di Bártolo, I. 2016).

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Antes de avanzar en el tema habría que aclarar la diferencia entre el concepto de apego y el de vínculo. Pues, aunque existe relación entre estos dos, no son sinónimos. El vínculo se suele establecer con un número pequeño de personas, según Bowlby es un lazo relativamente duradero que se establece con un compañero/a, mientras que el apego es la búsqueda de proximidad y contacto con una figura específica para conseguir una sensación de seguridad.

Centrándonos en las primeras etapas de la vida en las que se desarrollan los vínculos de apego la psicoanalista estadounidense, Mary Ainsworth, observó en todos los niños que tenían algún tipo de apego, aunque había diferencias en cómo se expresaba. Para estudiar el comportamiento de estos pequeños ante diferentes situaciones y poder comprobar el grado de seguridad que depositaban en sus progenitores, especialmente sus madres, creó la Situación Extraña. En este experimento la madre entraba o salía de una habitación en la que su hijo o hija estaba, dejaba a su pequeño/a con una persona extraña y si el niño o la niña lloraba o se quejaba era esta persona ajena la que intentaba calmarle.

Así, observó que un niño con apego seguro percibía a su madre como un elemento necesario de seguridad para explorar el mundo, así que investigaba y jugaba con los juguetes que tenía a su alrededor en presencia de la madre, pero se detenía cuando ella salía del cuarto. Este tipo de apego en la edad adulta se relaciona con independencia emocional, con relaciones estables y la creación de vínculos emocionales sanos.

Fruto de esta investigación, también definió dos tipos de apego inseguro: el evitativo y el ambivalente. El primero es lo contrario al apego seguro. Solo se disgusta cuando está solo. No extraña a la madre cuando sale e interactúa igual con la persona desconocida que con ella, presenta un patrón de indiferencia y no da señales de ansiedad cuando no está su madre, así como tampoco le saluda cuando entra en la habitación. Al llegar a la adultez, la persona que ha desarrollado este vínculo de apego, suele presentar problemas en las relaciones sentimentales y dificultad de conseguir un grado aceptable de intimidad con los demás.

El apego ambivalente, muestra un comportamiento ansioso, incluso en compañía de la madre, manifiesta un patrón ambivalente porque busca proximidad y también rechaza a su progenitora. El adulto con este tipo de apego suele vivir la relación de pareja con temor a que le deje, además espera más vinculación de la que es capaz de dar, esto le genera alto grado de dependencia emocional.

Por su parte, los investigadores Main y Solomon describieron el apego desorganizado o desorientado. Este tipo de apego se considera el más dañino y muestra el peor pronóstico de futuro. Los niños y niñas que desarrollan este apego se comportan de forma ilógica y compleja ya que presentan una conducta difícil de describir. Son inestables y contradictorios. Este tipo se suele observar en niños y niñas que han sufrido algún tipo de maltrato. Cuando son adultos presentan alta carga emocional de ira y rechazo, no se sienten queridos y queridas y rechazan las relaciones interpersonales.

Entre otros aspectos, los estudios realizados sobre el apego resultaron determinantes para mejorar algunos aspectos de los sistemas de salud occidentales, fundamentalmente, tales como: que los bebés fueran hospitalizados junto con sus madres, mejoras en los servicios hospitalarios de pediatría, neonatología… Aspectos y condiciones que hoy en día consideramos fundamentales, pero que en su momento conllevaron una gran controversia por una parte de la comunidad médica.