Zona de confort

Aprende a salir de tu zona de confort

Raúl Pérez Cutillas

11/3/20234 min leer

¡Quiero estar en mi zona de confort!

A lo largo del año solemos tener dos momentos claves de propósito, de año nuevo y de nuevo curso, ¿verdad? En algún momento nos hemos propuesto perder unos kilitos, retomar las clases de inglés, empezar a hacer gimnasia… Cada persona tiene sus preferencias particulares de autorrealización, por lo que el listado podría ser interminable y variopinto.

Pero, no es suficiente con desear algo para que esto ocurra y es lo que nos suele pasar con algunas metas, que en demasiadas ocasiones se quedan a medias. Porque cuando nos ponemos en marcha nos damos cuenta de que el proceso es más largo de lo que esperábamos, no son inmediatamente alcanzables. Y es que, cada día tenemos que luchar contra nuestro estado de ánimo, adecuar la agenda y los horarios… En fin, la desgana nos vence y ralentiza la consecución de nuestros objetivos, dificultando conseguirlas, e incluso, provocando que las abandonemos porque perdemos la ilusión y la motivación.

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Uno de los motivos que nos llevan al fracaso es producto de la zona de confort, todos tenemos una zona imaginaria en la que nos sentimos cómodos, seguros y que controlamos en mayor medida.

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Las personas tenemos tendencia al equilibrio y el bienestar, por ello, es normal que nos cueste salir de la zona de confort. Pues salir puede tomar dos direcciones, por un lado, puede llevarnos al aburrimiento porque hay muy poca estimulación, y es que nos esforzamos mucho menos de lo que deberíamos para lograr los objetivos. Y, por otro lado, se puede llegar a un exceso de estimulación que no es placentera, pues nos produce sensación de dolor y sufrimiento. Si esta sobreactivación se alarga en el tiempo produce cansancio, abandono y desgana.

Pongamos un ejemplo, suelo correr 5 km a unos 6 minutos el km (tú lo llamas tu ritmo), si decido correr 3 km a 7 minutos me aburriré y no me gustará la experiencia. Sin embargo, si corro 7 km e intento hacerlo a 5 minutos el km, seguramente te producirá una sensación de agonía y dolor que no disfrutarás y no te dejará alcanzar el objetivo. Haciendo que vuelvas a tus 5 km a 6 minutos donde ni te aburres ni te agotas, a tu estado de confort.

Salir de la zona de confort

Sin embargo, para lograr nuestros objetivos debemos salir de nuestra zona de confort. Entonces ¿qué debo hacer? ¿Agonizar cada día hasta que lo consiga? ¡No, por supuesto que no! Si haces eso terminarás odiando el proceso para alcanzar tu meta y la abandonarás.

Los psicólogos Robert M. Yerkes y John Dillingham Dodson, en 1908, desarrollaron la ley de Yerkes-Dodson, con la que explican que el rendimiento mejora cuando aumentamos nuestra excitación fisiológica o mental. Pero, siempre hasta un cierto punto, si nos excedemos y los niveles son muy altos o demasiado bajos el rendimiento disminuirá. Es decir, que para conseguir nuestras metas debemos esforzarnos hasta el punto que sintamos que podemos hacerlo y no lleguemos a esfuerzos prolongados e intensos que nos lleven al agotamiento.

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Disfrutar el camino es tan importante como conseguir la meta, porque te va a producir sensación de bienestar. Vas a sentir que te estás autorrealizando y tendrás un concepto positivo de ti que mejorará tu autoestima.

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La Psicología Positiva, es la parte de la psicología que se centra en los aspectos positivos de la persona en lugar de en los trastornos o los problemas. Esta Psicología habla de dos conceptos claves sobre los beneficios de salir de la zona de confort, el engagement y el flow. Aunque, sobre todo, se han desarrollado en el ámbito laboral son estados de bienestar, dedicación y absorción, con los que la persona se siente totalmente realizada.

Por lo tanto, salir de nuestra zona de confort exige esfuerzo y dedicación. Controlado, ejecutado de forma progresiva y que se convierta en un reto agradable y alcanzable, con el que nos sintamos competentes y autorrealizados.

7 Consejos para salir de tu zona de confort

1. Céntrate en tus necesidades, de nada sirve esforzarse en algo que no te complace y no te resulta atractivo, terminarás abandonándolo.

2. Márcate objetivos realistas, tienen que ser alcanzables y reales a tu situación actual. No intentes abarcar más de lo que puedes, porque sino entrarás en un estado de activación alta que terminará por empeorar tus resultados.

3. Descompón la tarea en pequeños pasos y planifica el tiempo que vas a necesitar para conseguirlos. De esta forma, podrás ver resultados cada poco tiempo y ser consciente del progreso. Así, cada pequeña meta alcanzada funcionará como refuerzo positivo.

4. Planifica y organiza tu tiempo utilizando herramientas como agendas, calendarios, etc. Aunque deberás ir corrigiendo y ajustando la planificación a la realidad, debes ser flexible y hacer tantos cambios como sean necesarios.

5. Disfruta del camino, cada paso que das hacia tus objetivo son pequeños logros y éxitos conseguidos. Por ello, prémiate y reconoce tus avances. Esto te irá motivando y te dará energía para seguir adelante.

6. Conócete, cada persona es distinta y lleva su ritmo (intensidad y compás). Por lo tanto, evita las comparaciones y piensa que tus logros deben estar centrados en ti. Si intentas imitar la forma de actuar de otra persona corres el riesgo de una sobreactivación o, por el contrario, una escasez de ella y esto repercutirá negativamente en ti.

7. Practica el agradecimiento, la compasión y el reconocimiento. Tendemos a valorar los logros ajenos, pero subestimar los propios. Es saludable para uno mismo reconocer los esfuerzos y los avances. De esta forma, podrás tener una imagen positiva de ti que te producirá bienestar subjetivo y satisfacción.